domingo, 26 de febrero de 2012

Citando a...

Däxeän, del blog Velvet Moonlight

Sentimientos enfrentados que luchan por sobrevivir. Letras desordenadas que tratan de salir. Torrentes de emociones peleando por sentir.
La labor del escritor, ordenar y colocar. Matizar. Expresar. Encontrar en aquel caos de sensaciones aquello que ha de ser mostrado. Iluminado. Formulado.
Acariciamos las almas intentando sacar de ellas aquello que merece la pena. Buscamos en nuestro interior aquello que no sólo vale para que nosotros liberemos lo que llevamos en el interior, sino para que otra persona se sienta identificada con ello.
La labor del escritor, encontrar aquello que no existe pero persiste. Persiste en ser encontrado y explorado. Amamantado, para crecer y alimentarse de sueños e ilusiones, de amores y tentaciones, iluminar un alma perdida y encender una sensación marchita, prender ese fuego extinto, convirtiéndolo en llama eterna. En estrella intensa.
Soles de emociones que contienen explosiones de sensaciones.
Palabras.


"La labor del escritor", entrada publicada el 21 de noviembre de 2011 en su blog.


jueves, 23 de febrero de 2012

Una noche oscura


Me incorporé de repente, alerta, y con el corazón latiéndome de una forma alocada, como si pretendiera marcar el tiempo de alguna melodía extraña que yo conocía. Lo primero de lo que tomé conciencia fue de que era de noche, una noche oscura, sin luna, que parecía que había engullido mi valentía para arrojarla a un profundo pozo de donde yo no era capaz de rescatarla, puesto que conforme los segundos pasaban mi miedo no disminuía ni un ápice.

Lo único que recordaba vagamente de mi sueño es que había sido agitado, y que había estado a punto de perder algo que me era muy valioso. De ahí venían mi miedo y mi angustia cuando me desperté. Y, si los números rojos de mi despertador no me mentían, eran las dos y media de la mañana. Deseé fervientemente que el resto de la noche fuera más tranquila.

No sabía en ese momento cuánto me equivocaba.

Para intentar relajarme me levanté de la cama y di un pequeño paseo hasta la gigantesca –todo me parecía más lúgubre y vacío en aquel momento, por alguna incomprensible razón- cocina, donde me preparé un buen chocolate caliente, con el fin de animarme un poco. Con la taza en la mano, me encaminé hasta la ventana que tenía más próxima, la que daba a la calle, para poder sentir durante un breve instante la brisa nocturna. Me quedé escuchando, hipnotizada, el lejano sonido del mar, que como siempre, me resultaba maravillosamente tranquilizador.

Quizá por eso, al desconectar con la realidad, sentí una oleada repentina de temor al percibir una lóbrega sombra que, inmóvil, parecía observar la hilera de apartamentos –todos exactamente iguales, cómo no- desde la farola en la que estaba apoyada en actitud despreocupada, a unos cien metros a mi izquierda. Cuando levantó la cabeza un poco pude comprobar que se trataba de un hombre joven, y no una mujer, como yo había supuesto. La coleta medio desecha que llevaba me había confundido.

Creo que sintió mi examen, porque se removió, incómodo, mirando con más detenimiento las casas que tenía enfrente. Al final, cuando sospechaba que ya no me descubriría, su mirada se posó sobre mí. Sentí como un escalofrío que se deslizaba por mi espalda en el mismo momento en que me encontré con sus ojos azules, llenos de preguntas silenciosas.

Me burlé de mí misma cuando, al romper nuestro contacto visual, me di cuenta de que mi miedo había desparecido, pero a cambio se apoderó de mí una nostalgia indescriptible. Consideraba irracional el hecho de que tuviera ese efecto sobre mí una ojeada de un perfecto desconocido, pero al parecer esa noche nada tenía un sentido lógico.

Me senté un momento en el sofá, para recuperarme de la impresión. Volví a mi dormitorio y a mi cama, abandonando al caminante nocturno y a mi taza vacía de chocolate.




Mi móvil estaba en la mesa que tenía delante, y podía verlo a pesar de la oscuridad porque me llegaba la luz tenue de la lámpara del pasillo. No era suficiente para desterrar por completo a las sombras, que se agazapaban en el rincón derecho del salón, esperando que aquel contrincante se retirara para volver a sumir en las tinieblas a la habitación.

Estaba esperando que sucediera algo, pero no tenía muy claro el qué. Sólo tenía esa vaga sensación tan característica de los sueños, en la que intuyes de alguna forma lo que va a pasar, pero no logras descubrir exactamente de qué se trata. Estaba frustrada y expectante, todo a la vez. Y conforme pasaban los minutos estaba cada vez más cansada, por lo que no me extrañé cuando me desperté en el sofá y la luz seguía encendida.

Me dirigí a mi cuarto y me tumbé en la cama. Los párpados se me cerraban de puro agotamiento, pero logré vislumbrar la hora que marcaba el reloj: las tres menos cuarto de la madrugada. Medio adormilada, creí oír una voz en la penumbra de mi dormitorio.

-Vaya, siempre me sorprendes. No pensaba que serías incapaz de reconocerme, a pesar de todo el tiempo que ha pasado. ¿Sabes? Una vez creí que me querías...

-Humm…

Era curioso, pero no lograba identificar la voz. Sabía que me sonaba, que debería de saber, sin ninguna duda, quién estaba hablándome, si era cierto aquello y no me lo estaba imaginando. Me agité, intentando despejarme del todo, pero yo me encontraba en ese estado entre los sueños y la realidad en la que es difícil encontrarle sentido a las cosas, porque aunque escuchas y sientes todo lo que sucede a tu alrededor, una parte de ti todavía está aletargada, y no consigues encontrarle sentido a las cosas.

Sin que se me hubiera revelado la identidad de esa persona que estaba hablándome me dejé llevar por mi cansancio, y entonces ya si que no fui capaz de abrir los ojos. A pesar de eso, escuché la última parte que me dedicó mi visitante anónimo:

-Duérmete, entonces, y sueña conmigo, aunque no me reconozcas cuando estés despierta. Yo sí te recordaré… todavía lo hago.

Sentí el roce de unos dedos sobre mi mejilla, acariciándola suavemente, con lentitud. Creo que sonreí, pero no sabría decirlo con certeza. 



lunes, 20 de febrero de 2012

Madurar


Y hoy he echado a volar
aunque tú no estés aquí ya
para darme ánimos y luchar...


Y no he perdido la esperanza
-aunque corrompida por la duda malsana-
de algún día poderte encontrar
de nuevo,
y mi corazón (así) curar. 
 

Y ya no puedo más,
pensar en ti, sin mis sentimientos no aflorar...
Y aunque digan que estoy loca por amar
a alguien que ni siquiera ahora aquí está.
Yo defiendo que ya no puedo más callar.


¿Has intentado el corazón sepultar
bajo mentiras de tanta irrealidad
que sólo consiguen a tu alma marchitar?
Pues entonces seguramente sabrás
cómo se puede morir sin llorar;
en silencio, en la oscuridad
de la noche en la que, sin la luna asomar,
no se puede contra las tinieblas batallar...


Tragada por las sombras que habitar
en este mundo pueden,
y no habiendo sabido de ellas escapar,
no supe más
que embarcarme en un remontar.


Miedos, dudas, inseguridad...
la mayor parte ya quedaron atrás.
Déjame ahora poderte hallar,
no pongamos más trabas a nuestro caminar...
 
 
 

sábado, 18 de febrero de 2012

III Concurso de Microrrelatos de SM

¡Hola a todos!


Escribo esta entrada para deciros que he participado en el III Concurso de Microrrelatos de SM. Y necesito de vuestros votos para quedar entre los cien primeros y poder optar así al premio, ya que el jurado elige al ganador entre esos 100 primeros microrrelatos, los demás se quedan automáticamente fuera. 

La única pega es la siguiente: tenéis que registraros en la web de SM del concurso, que es ésta: http://www.microrrelatos-sms.com  Si no, no podéis votar, :( He participado con mi apodo de siempre (para aquellos que no lo sepáis, es "Soñando"). De todas formas mis microrrelatos están en el link: http://www.microrrelatos-sms.com/users/12297/stories  (Es el mismo de la leyenda de la imagen de abajo.)
Sólo podéis votar una vez por microrrelato, aunque podéis votar a todos los que queráis. El plazo para votar es desde "las 12.00 horas del 6 de febrero de 2012 hasta las 00.00 horas del 1 de marzo de 2012".



¡Saludos a todos! ¡¡Y gracias!!



P.D.: tened en cuenta que los navegadores suelen guardar los datos que introducimos en las webs, y a veces al utilizar la función de autocompletado pueden equivocarse de casilla al poner los datos. Lo digo porque a mí me ha pasado que después de registrarme en la web del concurso y activar la cuenta (os tienen que mandar un email con un enlace, y al pinchar en el automática activais la cuenta. Si no la activáis no podéis usarla) no me dejaba entrar porque el navegador estaba poniendo en el campo "Nick" mi correo electrónico. Comprobad que  estáis poniendo lo que toca donde toca, ;)

viernes, 17 de febrero de 2012

Citando a...

Nalini Singh

Atención, esta parte revela spoilers muy importantes. Si no has leído los anteriores libros y no quieres que te los destripen, no sigas leyendo, ;)

Salió a su terraza privada mientras hablaba y cambió la conexión mental. Ven, Elena.
No puedo aterrizar ahí. Me partiré la crisma.
Rafael estuvo a punto de soltar una carcajada, una reacción impensable después del mensaje que acababa de dar.
Yo te recogeré.

El hecho de que ella no se lo pensara dos veces después de oírlo, de que se limitara a cambiar de trayectoria para volar hacia sus brazos... lo hizo pedazos. Y luego lo reconstruyó de nuevo.

–Elena... –susurró contra su cabello mientras la estrechaba con fuerza.

La cazadora lo rodeó con los brazos. Su frágil consorte, con una voluntad de hierro que siempre se negaba a rendirse.

–Cuéntamelo –murmuró ella.

Y él, un arcángel acostumbrado a guardar miles de secretos, se lo contó.


Extracto final del capítulo 9 de "La dama del arcángel" (Archangel's Consort). Tercer libro de la saga Cazadores del Gremio (Guild Hunters) de Nalini Singh. (Editorial Debolsillo.)


lunes, 13 de febrero de 2012

Lo que dice John


“John dice que no le temo a nada porque soy un cabrón sin sentimientos. Que mi corazón es como el vacío, muerto erial que deja tras de sí el estallido de una bomba atómica.

John dice, también, que soy un cabrón sin sentimientos porque me mueve la locura –de perderla–.”


viernes, 10 de febrero de 2012

Días pasados



Ecos de días pasados
que rebrotan débiles en la mañana,
gusto salado
a humo y pérdida que acaban.

Acaban con mi pobre alma
en este día ciego de no-calma,
en esta tenebrosa existencia de desesperanza.

He visto un espejismo truncado
por la cruda realidad desenmarañada,
he sentido un trozo de mí morir tocado
por un rápido destello de razón encontrada;
he sufrido la pérdida de mi inocencia no-cuestionada,
en lo que dura el parpadeo de una llama.
 
 
 

sábado, 4 de febrero de 2012

Citando a...

Brian Aldiss 

Entre las leyes que podemos deducir del mundo externo, una destaca sobre las demás: la Ley de la Transitoriedad. Nada está destinado a perdurar. 

Año tras año los árboles caen, las montañas se derrumban, las galaxias se extinguen como velas de sebo. Nada está destinado a durar salvo el Tiempo. El manto del universo se desgasta, pero el Tiempo perdura. El Tiempo es una torre, una mina inagotable; el Tiempo es monstruoso. El Tiempo es el héroe. Personajes humanos e inhumanos quedan clavados en el Tiempo como mariposas en una lámina: aunque las alas conserven el brillo, han olvidado el vuelo.

El Tiempo –como un elemento que puede ser sólido, líquido o gaseoso– tiene tres estados. En el presente es un flujo inasible. En el futuro es una bruma turbia. En el pasado es una sustancia sólida y vidriosa; entonces lo llamamos historia. Entonces no puede mostrarnos nada salvo nuestro rostro solemne; es un espejo traicionero que sólo refleja nuestras limitadas verdades. A tal punto forma parte del hombre que la objetividad es imposible; es tan neutral que parece hostil.
Algunos de estos relatos fueron escritos por quienes participaron en los hechos. Otros son reconstrucciones. Algunos pueden ser mitos que han pasado tanto tiempo por verdades que se aceptan como tales. Todos son fragmentarios.
El largo espejo del pasado está hecho añicos, y las astillas han sido pisoteadas. Antaño cubría todas las paredes de todos los palacios; ahora sólo quedan fragmentos, estos que sostienes en la mano.


Brian Aldiss, en la presentación de su libro "Galaxias como granos de arena".  (Editorial Plaza & Janés, edición de 1999. Páginas 17 y 18.)